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Cooperativa Ciencia

El impacto en la salud de mujeres cuidadoras


Foto de Solange Campos
Profesora Escuela Enfermería
La académica se refiere a la "triple carga" y su impacto en la salud de mujeres que trabajan y cuidan a personas mayores.

Chile es un país que envejecido. Con un 19% de la población sobre los 60 años, existen cerca de 800.000 personas con algún grado de dependencia, cuya atención recae mayoritariamente en mujeres de la familia.

Un reciente estudio de la Escuela de Enfermería de la Universidad Católica (UC), liderado por la académica Solange Campos, pone cifras y rostros a una realidad invisibilizada: la de las mujeres que trabajan y, al mismo tiempo, cuidan a personas mayores dependientes.

La investigación, de carácter cualitativo, entrevistó a 20 mujeres de distintas realidades socioeconómicas y laborales para profundizar en su día a día. El principal hallazgo es que la carga no es doble, sino triple: al empleo remunerado y al cuidado se suman las labores del hogar, que también recaen sobre ellas.

«Nos dimos cuenta de que hay una triple carga, que es cuidar, trabajar y desempeñar todas las labores del quehacer doméstico», explica Solange Campos. Este agotamiento se traduce en un severo impacto psicológico, descrito por las participantes como una sensación de «presencia-ausencia»: estar físicamente en el trabajo, pero con la mente en casa, preocupadas por la persona que cuidan. «Ellas lo refieren con que están en el trabajo, pero su cabeza está en la casa», detalla la investigadora.

Esta tensión constante no solo afecta su rendimiento laboral, sino que las expone a un alto riesgo de desarrollar enfermedades y convertirse, a su vez, en personas dependientes. «Estamos teniendo mucho riesgo de que estas mujeres también se enfermen (…) y por lo tanto ahí vamos a tener una mayor carga para las familias y para el Estado», advierte Campos. El estudio, que utilizó herramientas de diseño para mapear sus rutinas, reveló que estas mujeres apenas tienen horas para dormir y carecen de espacios personales, evidenciando una resistencia física y mental llevada al límite.

Ante este diagnóstico, el estudio propone soluciones concretas que apuntan a dos ejes principales: el entorno laboral y el rol del Estado. Para las mujeres cuidadoras, la flexibilidad laboral es fundamental. La posibilidad de teletrabajar, tener horarios adaptables o cumplir metas en lugar de jornadas rígidas se convierte en un alivio que les permite compatibilizar sus roles.

Sin embargo, el apoyo del empleador no es suficiente. Las participantes del estudio demandan que los beneficios estatales sean efectivos y conocidos. «Había mujeres que me decían que mostraban la tarjeta del Registro de Mujeres Cuidadoras y les decían ‘¿y eso qué es?’«, comenta Campos, subrayando la necesidad de capacitar a los funcionarios públicos. Además, se plantea la idea de implementar licencias remuneradas para cuidadores, una medida ya existente en otros países para que puedan ausentarse en periodos de crisis sin perder sus ingresos.

Sorprendentemente, la investigación también concluyó que el trabajo puede ser un factor protector. Para muchas, salir a trabajar representa un espacio para recuperar su identidad y tener un respiro de la rutina del cuidado. «Cuando yo salgo a trabajar, me siento tan feliz, siento como que de nuevo soy yo», relató una de las entrevistadas. Este hallazgo refuerza la importancia de crear condiciones laborales que no las obliguen a elegir entre su bienestar económico y el cuidado de sus seres queridos.

 

 


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